Conviviendo con mis recuerdos

Hola a tod@s! El otro día os prometí un POST especial y distinto y aquí lo tenéis.

Hoy no voy a hablaros de moda ni de tendencias, a cambio os ofrezco un trocito más de mi y de mi vida. Sentimientos y recuerdos que hoy quiero compartir con vosotros. Momentos que no tienen precio, y recuerdos que son imborrables, como cuando de repente vuelve a ti un olor del pasado, e intentas retenerlo recreando los momentos ligados a el, personas, comidas, perfumes… no os ha pasado nunca?

Como ya sabéis he pasado unos días en la playa, pero no una playa cualquiera, sino la playa de mi infancia, la que me vio crecer, probablemente la primera que vi.

Hacia más de 15 años que no la pisaba, y al volver, todo son recuerdos. Mis abuelos, que nos dejaron hace ya unos años, tienen aquí un apartamento, y este año decidimos venir on los niños. Todo esta igual, nostalgia y tranquilidad te invaden a partes iguales. Es una sensación extraña, como si no te hubieses ido nunca.

Aún me veo corriendo con mi pandilla por los jardines de la urbanización, mi primera pandilla de adolescencia, con lo importante que es eso a esa edad, cada verano hacíamos pacto de hermandad y, como en “verano azul”, llorábamos cuando teníamos que volver a nuestras respectivas ciudades. Seguramente me habre cruzado estos días con alguno de ellos y probablemente ni nos hayamos reconocido, 15 años cambian mucho y más en estas edades!!

Por lo demás practicamente todo sigue  igual, el olor a jazmín de los jardines, la tiendecita de la esquina, los farolillos que alumbran la urbanización, es casi como viajar al pasado.

Volver al apartamento ha sido casi como volver a veranear con mis abuelos, todo sigue exactamente en el mismo sitio, la familia ha intentado mantener en lo esencial el apartamento tal y como lo dejaron ellos, y yo se lo agradezco una barbaridad.
Aún me parece estar viendo a mi abuela desayunando en la terraza sus tostadas con mantequilla y mermelada, mientras mi abuelo vuelve de caminar por la playa con su inconfundible gorra, aún colgada tras la puerta. Es como sí me los fuese a cruzar en cualquier momento.

Sobre una estantería descansa el libro que probablemente nos hayamos leído todos los primos, aún está el bote de lápices que tenía mi abuelo donde guardaba escrupulosamente los bolis que utilizábamos para anotar los puntos cuando jugábamos a las cartas. La mecedora de la terraza donde siesteaban, hasta los tazones de desayuno.

Buscando una libreta en uno de los cajones del aparador encontré otro tesoro de mi abuela, su caja de costura, con los mismos hilos y agujas que la vi usar infinitas veces, los mismos botones con los que yo jugaba.

Sabéis no he podido tener un final de verano mejor, hay cosas imposibles que cuestan muy poco, como volver a veranear con tus abuelos cuando físicamente ya no están con nosotros, pero están en su apartamento, en sus sábanas, en nuestros corazones.

Mis abuelos, personas increíbles, dejaron 7 hijos, 14 nietos y 4 biznietos y lugar precioso en la playa donde podemos juntarnos y recordarlos, donde podemos volver a estar en ellos. Os dejo unas imágenes de estos últimos e inolvidables días.

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Gracias Felisa y Tomás por todo lo que nos habéis enseñado y legado a lo largo de vuestra vida. Os quiere, vuestra nieta mayor

Sandra Blanco

 

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4 comentarios en “Conviviendo con mis recuerdos

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